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12 may. 2008

Romance de la Batalla de Felix

El campo del buen marqués,
que Fajardo se decía,
parte de Guecija en orden
ya después de mediodía.
Concertadamente marchan
de cinco en cinco las filas,
y allá al ponerse del sol
encuentran con don García,
que volvía ya de Félix,
y ver su gran morería,
dándole aviso al Marqués,
y de cómo se volvía
sin osar acometer
a las moriscas cuadrillas.
El Marqués pasa adelante;
despídese de García,
hizo el campo en la campaña
alto en esta noche fría.
Un agua viento le coge
con mucha nieve esparcida,
que le pone en gran trabajo
y muy crecida fatiga;
mas rompiendo el alba clara
muy bello se muestra el día.
Manda el Marqués que se dé
munición muy bien cumplida
de pólvora al campo todo
para tres o cuatro días.
A Félix el campo parte
con placer y gallardía;
Lorca lleva la vanguardia,
Murcia de batalla iba,
Cehegín y Caravaca
la retaguardia regían.
El campo a Félix descubre
desde un monte que allí había;
manda el Marqués que descienda
el campo de aquella cima,
y que se ponga en lo llano
así marchando como iba.
Mas bien cerca del lugar
un grande escuadrón había
de aquella morisma gente
que con valor insistía,
aguardando la batalla
que el Marqués darles quería.
La vanguardia los embiste
antes que el Marqués lo diga,
y los moriscos descargan
toda su arcabucería;
no cargan segunda vez,
porque la gente se anima
de aquel escuadrón cristiano,
y ataca con gallardía.
Los moros que ven tal campo
y tanta caballería,
al lugar se retiraron
por encontrar mejoría.
Apretaron los cristianos,
y Santiago apellidan;
los moros dan a huir
cada uno cual más podía;
otros tomaron un cerro
que junto al lugar había,
y otros tomaban la sierra
que de Gádor se decía;
otros van hacia la mar
por una derecha vía.
El Marqués que aquello vido
a su buen caballo pica,
y por los moros se mete
con gran valor y osadía:
Los de a caballo le siguen,
y todos van a porfía
matando moros y moras
que se iban a la marina.
Todo el lugar se saquea,
no dejan persona a vida,
y tanta es la crueldad
de las cristianas cuadrillas,
que más de ocho mil fenecen
de la canalla morisca,
entre niños y mujeres,
que el verlos es gran mancilla;
sin otra gente de guerra
que murió en aqueste día.

GINÉS PÉREZ DE HITA
GUERRAS CIVILES DE GRANADA

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